CAURIENSIA, Vol. XIII (2018) 619-636, ISSN: 1886-4945 DOI: https://doi.org/10.17398/2340-4256.13.619

CRISIS IDENTITARIA ESTADOUNIDENSE ANTE SU PARADOJA POSMODERNA: QUIEBRA DE AMERICAN CIVIL RELIGION Y RIESGO TRANSOCCIDENTAL1

ANTONIO SÁNCHEZ-BAYÓN

Universidad Bernardo O'Higgins

CARLOS FUENTE LAFUENTE

ISEMCO-URJC

GLORIA CAMPOS GARCÍA DE QUEVEDO

ISEMCO-URJC

RESUMEN

Estudio crítico de autenticidad, sobre la crisis de la identidad estadounidense, que no se limita a un problema formal-coyuntural de adaptación, sino sustancial-fundacional de naturaleza y continuidad: qué es ser estadounidense actualmente y cómo se relaciona con el medio social y natural. Su pionero metámero de integración social fue su religión civil estadounidense-ACR (fruto de su secularización moderna y su Teología política, anticipándose a la nación decimonónica, también en crisis hoy), que fuera distorsionada vía velos de confusión (durante las guerras culturales) y completamente deconstruida por los Estudios culturales sobrevenidos (en la globalización). Así se ha generado la paradoja posmoderna estadounidense (APP), con su amenaza transoccidental y su TecnoEvo en curso (¿pueden los EE.UU. dejar de ser el líder del Occidente tradicional y reformular otro a conveniencia?). Para comprender la ontología, epistemología y axiología referidas, se realiza un diagnóstico sobre la deconstrucción de su ACR y el pronóstico desnaturalizador estadounidense si se consolida APP.

Proyecto de investigación del Grupo GiDECoG de ISEMCO-URJC (parte de la tesis doctoral de Sánchez-Bayón, con apoyo de LAS–Baylor, ELLSP–DePaul).

Palabras clave: Estados Unidos de América, crisis identitaria, religión civil estadounidense, velos posmodernos de confusión, paradoja posmoderna estadounidense, amenaza transoccidental.

ABSTRACT

This is a critical study of authenticity, on the American identitity crisis, which is not limited to a formal-eventual problem of adaptation; it is a substantial-foundational trouble of nature and continuity: what is it to be American today and how does the American relate to the social and natural environment. The pioneer metamer of social integration was the American civil religion-ACR (as part of its modern secularization and political Theology, previewly to nation notion in the 19th century, in crisis too), which was tangled by veils of confusion (during the cultural wars) and completely deconstructed by the overcoming Cultural Studies (in globalization). The result was the American post-modern paradox (APP), with its trans-Western threat and its ongoing Techno-Evo (can the US let the leadership of the traditional West and to reformulate another suitable?). To understand the referred ontology, epistemology and axiology, it offers a diagnosis about the ACR deconstruction and a prognosis about the American denaturalization if APP is implanted.

Keywords: The United States of America, identity crisis, American civil religion, post-modern confusion veils, trans-Western threat.

I. PRESENTACIÓN: CRÍTICA DE LA PARADOJA POSMODERNA ESTADOUNIDENSE Y SU TRANSOCCIDENTALIZACIÓN

Se realiza aquí un estudio crítico, no en el sobrevenido sentido posmoderno de contestación y ataque al otro (tal como formularan las Escuelas de Frankfurt, Normale-Annales, Birmingham, etc., implementándose propagandísticamente por la IV Internacional -de socialismo cultural-, y aceptándose así por los baby-boomers). Se pretende recuperar su tradicional significado, de evaluación del conocimiento disponible, revisándose su sentido y alcance. De tal suerte, cabe además un análisis de autenticidad (distinguiéndose entre el ser y el deber ser –que con los posmodernos y su pathos ya no resulta hoy un problema de falacia naturalista, más bien se trata de un ejercicio volitivo de pensamiento mágico o wishful-thinking –para lo cual, ayuda la técnica de red-lights o signos distorsionantes). Se refuerza dicho análisis con ejercicios de revelaciones o retirada de velos de confusión. Y se aterriza todo ello en el estudio de la identidad, exacta-mente en la cuestión de crisis identitaria estadounidense (como parte de la investigación que se viene desarrollando) 2 : ¿en qué consiste el ser estadounidense hoy, cómo se da a conocer y cuál es su relación con lo demás? ¿Pueden los EE.UU. dejar de ser el líder del Occidente tradicional y reformular otro a conveniencia y cómo se afectaría al resto?

Para empezar el estudio, se parte de un problema detectado, que permite aplicar el análisis de autenticidad, mediante fórmula bootstrap o entrelazamientos (acompañándose de las citadas revelaciones). En tal sentido, la pregunta de partida es: ¿en qué consiste la paradoja posmoderna estadounidense

o American post-modern paradox (APP)?3 Con las tecnologías de la información y comunicación (TIC), ha quedado interconectado el planeta (resultando un “pequeño-mundo”), pudiendo entrar en contacto cualquier cultura con otra, de ahí que con la globalización se haya reabierto el debate identitario, recuperándose así el recurso de la religión (sirviendo de guía, además, en la posglobalización)4. Al mismo tiempo que esto pasa en todo el planeta (la revitalización religiosa), llama la atención que en los EE.UU., donde la religión siempre ha tenido una gran presencia socio-cultural, en cambio, se encuentra en declive, por los velos posmodernos de confusión extendidos sobre ella, dejando de servir para religar o unir estrechamente con la divinidad, la comunidad, la tradición, etc.; más bien, resulta hoy un instrumento de diferenciación y conflicto entre comunidades. El impacto de APP no sólo alcanza al periodo actual de transición (entre la época dominada por el Estado-nación y la supuesta emergencia de la aldea global y la sociedad del conocimiento), sino que desde las guerras culturales (1960-80), viene sirviendo para deconstruir su religión civil o ACR (como metámero integrador de mínimos, al condensar la matriz mitopoiética y el legado idiosincrásico estadounidense), desarticulándose su identidad

2 Este estudio es parte de la tesis doctoral de Sánchez-Bayón (con estancias en Harvard, Baylor, DePaul, etc.). Para profundizar en las nociones que se plantean, se recomienda la consulta de Antonio Sánchez-Bayón, La Modernidad sin prejuicios. La religión en la vida pública estadounidense (3 vols., Madrid: Delta, 2008-13). – Manual de Sociología Jurídica Estadounidense (Madrid: Delta, 2008). Universidad, ciencia y religión en los EE.UU. (Porto: Ed. Sindéresis, 2015). Religión civil estadounidense (Porto: Ed. Sindéresis, 2016). “Historia cultural estadounidense desde el factor religioso: fallos de Americaness y sus velos”, Cauriensia XII (2017): 627-59. “Vindicatio Historia Philosophiae: estudio de caso de los programas culturales estadounidenses”, Bajo Palabra 17 (2017): 457-76. “Estudio de la idiosincrasia estadounidense desde su Teología política y Ciencias Eclesiásticas”, Estudios Eclesiásticos. 93/364 (2018): 165-204.

3 APP, como abreviatura, resulta un juego de palabras, pues en inglés significa también aplicación informática para terminales (v.g. móviles, tabletas). Se alude así al intento, mediante velos posmodernos, de convertir la religión en un instrumento de ingeniería social, según el empleo de cada comunidad (respaldándose así el hecho diferencial).

4 Jesús Valero-Matas y Antonio Sánchez-Bayón, Balance de la globalización y teoría social de la posglobalización (Madrid: Dykinson, 2018). Antonio Sánchez-Bayón, “Revelaciones conceptuales y lingüísticas de la posglobalización”, Carthaginensia XXXIII, 64 (2017): 411-58.

tradicional desde su origen (el periodo fundacional). Dicha paradoja conlleva otras, como son:

-Paradoja identitaria de los Estudios culturales: si los Estudios culturales encuentran su lugar en la universidad estadounidense (en el periodo de entreguerras), es para dotar de entidad científica y académica a su articulación idiosincrática nacional. Tales estudios sirvieron para alcanzar los consensos de integración doméstica y la entidad para que el país tuviera una condición de potencia hegemónica mundial. Ahora bien, todo ello se distorsionó durante las guerras culturales, pues frente a los Estudios culturales tradicionales-ECT (de corte ilustrado, preocupados por la identidad ad intra –o identidad propia-, sobre qué es lo auténtico del ser/ente, perdurando y diferenciándolo, permitiendo alcanzar consensos, como es la categoría integradora de pueblo estadounidense y su ciudadanía), surgieron los Estudios culturales sobrevenidos-ECS (de corte etnocultural, focalizados en la identidad ad extra –o identidad impropia-, al criticar lo anterior, postulando comunidades basadas en el conflicto y hecho diferencial –frente a otras comunidades y, sobre todo, contra la categoría integradora de ciudadanía, que supuestamente les ha marginado)5. El resultado ha sido una polarización entre los Estudios culturales, enfrentados entre sí, e inhabilitados para reformular la identidad estadounidense, ni siquiera en su constructo más concreto de mínimos, como es ACR, dejándose sin guía en el tránsito posglobalizatorio (por lo que la amenaza de entropía y/o armagedón nacional va teniendo carta de naturaleza).

-Paradoja dogmática de los velos posmodernos: pese a nacer de la supuesta crítica y resultar de lo más diversos entre sí, los velos encuentran su unión en su finalidad de desunión, atacando el consenso previo. Resulta que niegan cualquier posible noción universal o intento generalizador, salvo sus propios postulados e intereses, los cuales no se articulan desde la realidad y la racionalidad del ethos (junto con el logos), sino desde la narrativa y la emocionalidad del pathos (tendente al mithos). De tal suerte, los velos, que supuestamente venían a aportar pluralidad, pretendiendo atacar los dogmatismos anteriores

Los Estudios culturales sobrevenidos, al ser de corte neomarxista y/o posmarxista (según se autodefinan, v.g. subalternos, poscoloniales, descoloniales, de género), se articulan desde el conflicto, basándose en el hecho diferencial (de discriminación y marginación, con su necesaria rehabilitación y compensación). Por tanto, al no trabajar desde el ethos, sino desde el pathos, son discursos muy puntuales y tropológicos, además de poco coherentes y constantes: se articula la identidad, no desde su singularidad, sino frente a otra previa a la que atacar; se niega la naturaleza y esencias de la identidad de referencia, mediante crítica relativista, a la vez que se reivindica para sí la asunción no probada de necesidad y universalidad, contradiciéndose su punto de partida de multiversalidad. Muy posiblemente, el equívoco venga de una incorrecta lectura del argumento relacional amo-esclavo de Hegel, además de no manejarse el humanismo (de ahí postulados tales como los de otredad, en vez de alteridad).

(con su etnocentrismo y moralismo), se han convertido en aquello a combatir, imponiéndose un pensamiento débil unitario –actualmente, además con rasgos neopuritanos-, con diversas censuras (desde la personal, con espirales de silencio, hasta las legisladas de memoria histórica y delito de odio, impidiéndose así cualquier posible crítica y/o alternativa cognitiva).

-Paradoja regresiva y desnaturalizadora de los Estudios culturales y sus velos (o la corrupción del set-up): si desde los EE.UU. se estimuló la recepción de fuga de cerebros (sobre todo europeos, tras las guerras mundiales), para ayudar a impulsar sus Estudios culturales, responsables de la articulación de su idiosincrasia, sin necesidad de depender de avales exteriores (apartándose así la sombra fundacional europea y su supuesta superioridad socio-cultural –o sea, para que dejara de ser la madre y, en todo caso, quedara como una relación de hermanos-); así quedaría reforzado el proyecto mesiánico estadounidense (American manifest destiny-AMD), consagrándose la condición de potencia hegemónica y líder del mundo occidental (tras la II Guerra Mundial). Sin embargo, la labor inicial de deconstrucción europea (en favor de EE.UU.), se extendió a Occidente (al atacarse su tradición sagrada y profana), volviéndose en contra de EE.UU. (como líder de dicho bloque mundial), iniciándose así su tránsito a la posmodernidad durante las guerras culturales (las cuales no pretendían el mero afloramiento de comunidades, sino la deconstrucción de la ciudadanía y su matriz mitopoiética y su legado idiosincrásico). Se buscaba, en terminología en boga de entonces (con el despuntar popular de la cibernética), la corrupción del set-up, al renunciarse a su condición moderna y perderse su realismo y racionalidad (los primeros velos hablaban de la pérdida de inocencia, como si el modelo socio-cultural previo hubiera sido un cuento del que los baby-boomers no debían participar más). De tal suerte, con su transición posmoderna (de carácter regresivo), los EE.UU. han dejado de ser inmunes a las ideologías, volviéndose con ello un país anti-moderno y anti-occidental (abandonando así EE.UU. la órbita atlántica para orientarse hacia la pacífica, presentándose como una intensificación hacia el Oeste y el fortalecimiento del hemisferio occidental –que en realidad sería un giro oriental asiático-pacífico-, pero ya sin la tradición occidental como sustento).

Así, del influjo de APP y sus derivadas, intensificándose la crisis identitaria estadounidense, se llega al riesgo final (más allá de los genéricos de entropía y/o armagedón), concretándose en la transoccidentalización: para terminar de deconstruir la identidad estadounidense (dejándola sin atributos y alienada), es esencial desarraigarla, para que no pueda reimplantarse. Como si de la flora nacional se tratase (la rosa y el roble, tipificados como símbolos nacionales en 36 U.S.C. § 303 y § 305), se pretende transmutar en nenúfar (una planta acuática perenne, de raíces visibles y flor vistosa, típica de América y Asia). Ello requiere del convencimiento de que Occidente sólo es una categoría geográfica dúctil (sinónimo de oeste), según la cual, el hemisferio occidental se conforma de las Américas, que han de estar mirando hacia el oeste (Asia-Pacífico), dando la espalda al agotado este (mundo atlántico: de donde vienen los males coloniales, como el racismo, el capitalismo, el cristianismo, el hetero-patriarcado, etc.). Tal ejercicio desnaturalizador no sólo acabaría con EE.UU., tal como se ha conocido hasta ahora, sino que además dejaría sin referente y caduco a Occidente (pues de su laberinto posmoderno aún no ha salido Europa –si es que sale, o se vuelve por fin un apéndice oriental-, y Oceanía parece preferir el giro Asía-Pacífico – de un nuevo mundo por llegar-).

II. BALANCE DE AMERICAN CIVIL RELIGION (ACR)6

La religión civil, puede parecer a simple vista una contradictio in terminis, que en realidad ha dado lugar a un oxímoron: no se trata de la mera unión de conceptos contrapuestos, sino que su combinación ha dado lugar a una figura plena de sentido y alcance (que en EE.UU., además, forma parte de su idiosincrasia, al recibir y adaptar la tradición vía proceso de Americaness o estadounidización, con el resultado identitario de ACR). Gracias a la secularización moderna (que libera a la religión de la Iglesia) y su Teología política (que organiza de manera participativa las relaciones entre los fieles), se logra así una religión práctica (liberada del monopolio de élites y dogmas, además de estar orientada a la asistencia social: a resolver los problemas terrenales). Tal novedosa religión práctica, resulta operante conforme a unas reglas de libre

6 La denominación religión civil alude a un proceso de popularización de la religión, como etapa siguiente al periodo hierocrático (s. XI-XIV). Gracias a las órdenes reformadoras y a los protestantes, además de la progresiva y programática inclusión de laicos en las universidades, ello favorece el surgimiento de una concepción religiosa más allá de los poderes establecidos (la religión deja de ser un teatro hierocrático –en su manus de lo sanctus-, contemplado por el pueblo, para contar nuevamente con la participación de todos). En el entorno estadounidense, se alude a ACR como expresión del proceso de Americaness o estadounidización: los EE.UU., resulta un país con la capacidad de recibir influencias externas, adaptarlas y mejorarlas, para luego exportarlas con cierto éxito y beneficio (v.g. parlamentarismo, federalismo, presidencialismo, democracia, etc.). En consecuencia, uno de los mejores ejemplos de dichas influencias recibidas y transformadas en su seno es la religión civil, sirviendo para solventar el problema identitario que acarreara el tránsito al Nuevo Régimen, al fomentar la integración de multitudes, sin caer en el problema posterior del nacionalismo (e pluribus unum y novus ordo seclorum, son dos de los lemas nacionales del Gran Sello, 1782). Y es que, el caso estadounidense es de los pioneros en formular e implementar una religión civil, que no religión política, pues no resulta monopolio de Estado algún, como sí pasara en Europa y su principio cuius regio, eius religió (causante le las mal llamadas guerras de religión, cuando en realidad fue su uso político, para consagrar los nuevos Estados y el orden de Wesfalia, 1648).

competencia (cada cuál decide cómo y cuánto involucrarse, según el nivel de salvación que desee, y con respeto a los demás). De tal suerte, comienzan a convivir las religiones tradicionales establecidas (hierocráticas y relacionadas con el poder civil) y recibidas (v.g. judíos, católicos, protestantes, ortodoxos), con la recién conformada ACR (basada en un panteísmo colector, para la integración social): en un sistema de plurilealtades o multi-identidades, de modo que se puede ser un judío de Rhode Island, un católico de Maryland, un budista de California, un mormón de Utah, etc., pero en última instancia, todos convergen en la misma creencia: I´m American (soy estadounidense). Para comprender mejor, es necesario revisar el origen y desarrollo de dicha figura (ACR), que en la actualidad incluso ha alcanzado la condición de metámero (por ser un poderoso conector de factores y esferas sociales, además de condensador de capital socio-cultural, logrando reproducir de manera muy fidedigna la compleja y voluble realidad social, sin incurrir en un alto coste al hacerlo). Téngase en cuenta que, para acometer dicho ejercicio de profundidad comprensiva, además de requerirse de la retirada de velos de confusión extendidos (durante las guerras culturales), urge remontarse al hito que cambió el devenir de europeos y americanos: pese a contar con la misma tradición occidental sagrada y profana, en las colonias americanas se combinará el racionalismo humanista de la Alta Modernidad hispánica (que de la libertas christiana pone el énfasis en la libertad) y el racionalismo protestante o profesional de la Baja Modernidad nórdico-anglosajona (que de la libertas christiana pone el acento en el modo de vida mesiánico), dándose lugar así al deísmo laxo de ACR. Ahora bien, para alcanzar a entender más, resulta conveniente el abordar cuestiones preliminares como qué se entiende por religiosidad en EE.UU. (ya que la religión se ha desarrollado en un novedoso estadio de secularización moderna, facilitador de la aparición de novedosas manifestaciones –tal como explicara James, uno de los padres del pragmatismo), y cuál ha sido su Teología política de partida (centrada en la organización social de un pueblo predestinado y/o mesiánico), lo que ha permitido la formulación e implementación de una categoría de integración social de multitudes como es ACR (generando con ello una idiosincrasia: el ser propio estadounidense – relacionado con los europeos, pero diferente de ellos).

Como se viene señalando, ACR es una categoría de integración social del Nuevo régimen, debiéndose concebir a modo de protonoción moderna de nación (construida desde las interacciones religión-política, desde los planteamientos de la secularización moderna y su Teología política)7. Dicha noción es previa a

La Teología política permite centrarse en el estudio de la ordenación del pueblo de Dios, tal como se acomete en el periodo fundacional estadounidense, plasmándose en sus lemas nacionales del

la dialéctica contemporánea europeo-continental de nacionalismo liberalpatriótico (o nacionalismo incluyente) y el étnico-cultural (o nacionalismo excluyente), causante de múltiples conflictos -debido a la confusión interesada en forma de Estado-nación y su correspondiente religión política (Dios es sustituido por el Estado, el sujeto mesiánico es la nación, el credo es la ideología, etc.). No obstante, en EE.UU., gracias a su ACR, se mantiene el sentido original de pueblo (no específico de gens o tribu, sino extenso de pueblo de Dios: integrándose las gentilitas, y organizándose como ecclesia o asamblea participada –de ahí la vocación federal, democrática, etc). En definitiva, ACR, hace posible el exponer y explicar cómo en la Modernidad se pasa de la propaganda religiosa a la política, permitiéndose la gestión de identidades sociales, pero desde la propia sociedad civil, sin el monopolio estatal (como sí pasa en Europa continental de entonces –de ahí que resulte una religión civil y no política): la religión civil responde a una fórmula adaptativa propia (vía Americaness), hábil para casar las disonancias del nuevo orden secular (vid. infra lemas nacionales), del tipo de: a) integración v. autonomía; b) religiones tradicionales (privadas) v. religiosidad pública; c) éxito y beneficio (personal) v. bienestar común (con su plus social); etc. En definitiva, la religión civil es –como mínimo-aquel vínculo moral y sacro, común a todas las comunidades y predicable del conjunto de la sociedad, en el que el individuo, como ser sociable y trascendental, necesita para dar sentido a su entorno y su papel en el mismo. Se trata del cemento y levadura social de las sociedades modernas, donde hay madurez racional, pero falta paridad emocional y social –pues ese tipo de inteligencia suele quedar menguada por la desproporción con el progreso científico-técnico–. La religión civil, aún con todas las aristas de su problemática denominación (al sintetizar dos constructos supuestamente antitéticos –al menos para los europeos contemporáneos-, como es lo religioso y lo civil–, sin olvidar las inconveniencias de su tratamiento –al no quedar claro si es causa y/o resultado del sincretismo moderno, especialmente el estadounidense, con su Americaness–, en cambio, guarda una relación directa e influyente con otros constructos, tipo AMD (ya citado), así como American (social) gospel-ASG (evangelismo social estadounidense: compromiso con voluntariado y cruzadas para el progreso social), American dream-AD (sueño estadounidense: percepción de EE.UU. como tierra de oportunidades y avance del reino de los cielos), American way of life-AWL (estilo de vida estadounidense: misión, visión, valores, etc.), American self-

Gran Sello (1782): novus ordo seclorum (nuevo orden de los siglos/Nuevo Régimen), annuit coeptis (Dios/la providencia-favorece (el) entendimiento/aprueba (nuestra) empresa –algunos autores lo traducen como “favorece la causa estadounidense”-), y e pluribus unum (de muchos, uno/unidos en la diversidad); más el último en institucionalizarse (1956), ya en inglés: in God we trust (en Dios confiamos –y nos bendice por ello).

rigtheousness (sobreestima moral estadounidense: superioridad moral, por sentirse pueblo elegido, con obligación ejemplarizante y de liderazgo del resto de naciones), American civilization sense-ACS (sentido civilizatorio estadounidense: creencia de que el modo de vida estadounidense es el mejor posible y como tal ha de extenderse al resto de pueblos), etc.

Con la religión civil, se cierra el círculo evolutivo occidental, ya que se combina la tradición occidental profana o greco-romano, con la sagrada o judeocristiana, que tras pasar por el tamiz de Americaness, se define como: a) universalista (por influjo cristiano: abierto a todo hombre y/o mujer, joven y/o anciano, rico y/o pobre, etc.); b) vocacional (exige un convencimiento responsable); c) se basa en la libertad y la pluralidad (propia de una sociedad de hombres libres, con conciencia propia y, que sin embargo, sienten una llamada común, además de comprometerse con un pacto de prosperidad y salvación); d) secular (hay distinción de órdenes: la religión interactúa con la política, pero no hay confusión, pues la política gestiona los bienes y servicios terrenales y la religión la convivencia y salvación de las almas); etc. La noción de religión civil de la que parten los autores ilustrados europeos –con influjo suficiente en EE.UU.–, es la constantiniana (antes de la corrupción teodosiana), con ciertos toques comprensivos de autores tipo Calvino, Lutero, Vico, Locke, et al. Así, de manera generalmente aceptada, se atribuye el bautizo de la idea moderna de religión civil a Rosseau (Libro IV de El contrato social, con ciertos matices apuntados en el Emilio, 1762). Más tarde, son otros francófonoes quienes devuelven a los europeos la expresión apreciada en EE.UU. (tras su Americaness): Crèvecoeur (Cartas a un granjero americano, 1782) y Tocqueville (La democracia en América, 1835-40). Al respecto, existe una rica tradición de viajeros observadores de la identidad estadounidense (v.g. H.G. Wells, G.K. Chesterton, H. Belloc), vinculándola ya con cierto excepcionalismo (cultivándose así por los últimos ECT). Durante la Guerra civil y su posterior reconstrucción, los periódicos estadounidenses (v.g. New York Post, 1801, Chicago Tribune, 1847, New York Times, 1851), empiezan a popularizar (con un sentido redentor) la expresión American uniqueness (singularidad estadounidense), como nación concebida en libertad y que pretende la igualdad de los hombres (parafraseándose el célebre discurso presencial Gettysburg Address de Lincoln, 1863). A finales del s. XIX, gracias al sustento de académicos como Emerson (y sus seguidores del Metaphisical club e impulsores del pragmatismo), junto a literatos como Whitman (quien fuera parte del club precedente, Trascendentalist club –roto en parte por la discusión entre Emerson y Whitman), la expresión y su significado relativo al carácter estadounidense se consolida, incluso se normaliza en términos científico-académicos en los trabajos de Historia estadounidense y en los emergentes Estudios culturales finiseculares y novocentistas. Así se consagra, la última gran aportación de consenso, sobre la identidad estadounidense, como es American excepcionalism & melting pot. Dicha propuesta posee dos acepciones o vertientes contrapuestas: a) una connotativa y autóctona de legitimación (sustentadora de su patriotismo y basada en el consenso y carácter compartido), relativa a la singularidad estadounidense, su articulación nacional y su misión ejemplar –incluso salvífica-(presente en los ECT); b) otra denotativa y foránea de crítica (sobre la rareza estadounidense, insistiéndose en sus supuestas debilidades y los conflictos soterrados), impulsada desde Europa (adhiriéndose la URSS) y consolidada con la fuga de cerebros (a raíz de las Guerras mundiales del s. XX), que permea la universidad estadounidense (impulsándose en los ECS). La simbiosis académica de ambas corrientes (con predominio de la opción a), encuentra su vehículo de irradiación en movimientos del Ivy League8 como liberal consensus (también conocido como Consensus History, cuya época de esplendor fue la década de 1950 y 1960, hasta su desbancamiento por New Left (review))9. Entre sus representantes más conocidos, destacan los profesores de Historia estadounidense y especializada (v.g. Historia del Derecho y de las Instituciones o Historia Política –incluida Historia de las Relaciones Internacionales-, Historia Económica y Social, Historia Cultural e Intelectual), en universidades tales como Harvard (v.g. L. Hartz, B. Bailyn, P. Miller, S.P. Huntington, S.M. Lipset), Yale y Standford (v.g. D.M. Potter, A.P. Stokes, E.S. Morgan, -también Lipset-), Columbia (v.g. R. Hofstadter, H.S. Commager, A. Nevins –nuevamente Lipset-), Chicago (v.g. D.J. Boorstin –y en un sentido

8 De los millares de centros universitarios reconocidos en los EE.UU., existe un reducido y exclusivo grupo denominado Ivy League o liga/club de la hiedra. Se trata de una metáfora muy plástica, pues la exclusividad de dicho club se basa en: a) la reivindicación de la solera de sus universidades – pretendidas herederas de las más venerables europeas, donde hay hiedra longeva en sus muros–; b) la calidad de su educación y la selección intensiva de sus alumnos y profesores –que como la hiedra, se entremezcla para ser más fuerte y elevarse, de ahí la intensificación educativa en seminarios o almuerzos de estudio, por ejemplo–; c) la referencia social, tanto por ser parte de su comunidad como por acogerla, pues todo ello proporciona respetabilidad y posibilidad de promoción social –como la hiedra, proporciona solera y distinción a la edificación–, etc. La mayor parte de estas universidades se fundaron como centros educativos confesionales para asegurar el relevo generacional de profesiones liberales, especialmente los ministros de culto (quienes debían impulsar la colonización de la Costa Atlántica primero, y del Oeste después); sirva como ejemplo el caso de Princeton y los presbiterianos, Yale y los congregacionalistas, Harvard y los unitarianistas, la actual Brown y los bautistas, et al. (vid. infra nota 2).

9 Liberal, en los EE.UU., bebe del pensamiento Whig (proto-liberalismo) y Free-mason (librepensador), por lo que alcanza a comprender tanto a liberales-conservadores (próximos a la derecha tradicional europea), como a liberales-progresistas (cercanos a la izquierda); sin embargo, desde las guerras culturales y la aparición de New Left en medios de comunicación y universidades (gracias a la fuga de cerebros), los liberales estadounidenses comienzan a conectar con el socialismo cultural de la IV Internacional.

sociológico y comparativista, también con Coleman), Michigan y Cornell (v.g.

P.C. Rossiter), et al. De entre los prestigiosos historiadores citados, diversos entre sí (new-whigs, uniqueness theorists, reviewers, etc.), cabe dedicar un breve apunte sobre el Prof. Lipset (1922-2006), por tratarse del más heterodoxo y evolucionado de entre todos ellos (y con más contactos con la fuga de cerebros,

v.g. Bendix, Lowenthal -en su internacionalismo, también Rokkan): hijo de inmigrantes rusos y judíos –y por ende, de fuertes convicciones socialistas, de las que participaba el sionismo-, se crió durante la era Roosevelt (años 30 y 40) y su new deal o nuevo trato (fórmula de pactismo o alianza menor de la tradición de la Teología política estadounidense, vid. infra), en el intercultural Bronx (uno de los barrios con mayor inmigración y deprimidos de la ciudad de New York). Comienza su docencia en la Univ. Columbia, mientras prepara su doctorado, que logra en 1949 en Sociología (su tesis, Agrariam socialism, ratifica empíricamente las tesis de Sombart y la propia hija de Marx –sobre la difícil implantación del socialismo en EE.UU.; al menos mientras opere su Americaness, vid. supra)10. Resulta que la Sociología es una ciencia pujante en los EE.UU. de mitad del s. XX (hasta entonces dicho conocimiento se acometía desde Estudios culturales como Amercian Studies). Dicha ciencia se nutría de la –ya aludida-fuga de cerebros procedente de Europa y Rusia/URSS. Así se explica el primer viraje de Lipset, quien sigue liderando el frente de juventudes socialistas (Young People´s Socialist League), pero se vuelve anti-Stanlinista (por el influjo de sus maestros), marchando a enseñar a la Univ. Toronto (Canadá), para descubrir la corriente de la social-democracia. Regresa a EE.UU., como docente en las universidades de Standford, Harvard, Mason, etc. Se intensifican sus publicaciones sobre el excepcionalismo (liberado ya del providencialismo de la Teología política, para afirmarlo en la autodeterminación filosófico-social y sociológica)11. Dado el influjo de sus colegas, sobre todo en Harvard, entra en contacto con el movimiento liberal consensus, lo que provoca un nuevo cambio en su trayectoria intelectual, llegando a volverse un referente de los neoconservadores hacia el final de la Guerra fría (desde los ECS, así le califican, dadas sus relaciones con la intelectualidad judía e israelí). En su

10 Profundiza y concreta más en su tesis en otras publicaciones como Seymour M. Lipset, “Why no socialism in the United States”, en Seweryn Bialer et al, Sources of contemporary radicalism (Bouder: Westview Press, 1977). Seymour M. Lipset et al, It didn´t happen here: why socialism failed in the United States (New York: W.W. Norton & co., 2000).

11 Seymour M. Lipset, The first new nation: the United States in Historical and comparative perspective (New York: Basic Books, 1963). Continental divide: the values and institutions of the United States and Canada (New York: Routledge, 1989). American excepcionalism. A double-edged sword (New York: W.W. Norton & co., 1996). Seymour M. Lipset, et al, Culture and Social Character (New York: Free Press, 1961). The paradox of American Unionism: why Americans like unions more than Canadians do, but join much less (Ithaca: Cornell Univ. Press, 2004).

interpretación del American excepcionalism reconoce un importante papel al factor religioso y el modelo socio-cultural WASP. Este legado es recibido tiempo después por otro profesor de Harvard (ya citado al inicio de este estudio): Huntington y su Quiénes somos: los desafíos de la identidad americana (2004, vid. supra transoccidentalización).

Volviendo a ACR, durante el s. XIX y principios del XX, la semiología estadounidense de la religión civil se sustenta en aportaciones de teólogopolíticos, filósofos sociales (sobre todo, pragmáticos) y académicos sociales (vid. infra). Ahora bien, con la fuga de cerebros, cambia la visión de consenso, volviéndose crítica y deconstructiva durante las guerras culturales, y de ahí su rebrote universitario: tras los intentos de los sociólogos Bell y Berger (por redescubrir la religión y lo sagrado y su influjo en las identidades colectivas), finalmente, destaca la propuesta de Bellah y su signatura homónima de ACR en 1966 (heredera, a su vez, del funcionalismo de Parsons y el interaccionismo de Mead, con la religión republicana)12, hasta las propuestas matizadas y tentadoras de Luckmann y su religión invisible (construccionista), Novak y su religión cívica (electivista), Robertson y su religión americana (excepcionalista), Long y su religión secular (comparativista), Casanova y su religión política (aunque esta es más predicable de Europa), et al. También se llama la atención sobre otras lecturas relacionadas, como: a) fundamentos de la religión civil (propedéutica), con Balitzer, Linder, Richey, Smith o West; b) religión civil, estadistas y sociedad (principios y movimientos), con Davis, Jewett, Lawrence, Little, et al.; c) diagnóstico y evaluación de la religión civil (críticas y previsiones), Baldwin, Hughes, Lipset o Huntington.

En cuanto a las manifestaciones de ACR, que mejor condensan la idiosincrasia estadounidense (soportando su identidad y dando prueba de su singular capacidad de recepción y transformación de la tradición occidental sagrada y profana, otorgando una novedad propia), cabe destacar:

a) Símbolos: monedas y billetes de dólar (con el Gran Sello y sus lemas nacionales, v.g. in God we trust, en monedas desde 1864 –para reactivar al confianza tras la Guerra civil-y en billetes desde 1935 –ídem,

12 Bellah fue un discípulo destacado de Parsons, al igual que recibió ciertas influencias de Mead (quien bebiera de los pragmáticos James, Dewey y Peirce, sucesores de Emerson y el trascendentalismo). Indirectamente, también se vio influido por las propuestas previas de Herberg y su civic faith, en 1955. La publicación que dio fama a Bellah fue su artículo en la revista Daedalus (96 (1967): 1-21); más tarde vería la luz ampliada como libro (algo habitual como le pasara a Lipset con excepcionalismo estadounidense, Fukuyama y fin de la historia, Huntington –maestro de Fukuyama y en respuesta a su tesis-con choque de civilizaciones, etc.). Robert Bellah, The Broken Covenant: American Civil Religion in a Time of Trial (Chicago: Univ. Chicago Press, 1992).

tras Crac y Gran depresión); Gran Sello nacional (mottos & icons); campana de la libertad (tallada en 1751 y papel en 1776, Levitico 25:10); himno nacional (The Star-Spangled Banner, letra de 1773 y oficializada por ley en 1987); etc.

b) Ritos: saludo a la bandera (pledge of allegiance, versión original de 1892 y última gran revisión en 1954); juramentos públicos (public oath ceremonias, tanto en tomas de posesión o declaraciones ante tribunales, con el recurso de la Biblia y/o la Constitución de EE.UU.); festividades de carácter nacional (National Holidays & School District´s Calendar, ley de 1870 y modificaciones de 1968 y 71: Christmas, Thanksgiving Day, St. Valentine´s Day, St. Patrick´s Day, etc.); oración del Congreso al comenzar las sesiones; Día de la Oración y demás invocaciones religiosas presidenciales (desde Thanksgiving Proclamation of 1789 hasta Jewish Heritage Week Proclamation of 2004, National Day of prayer, Presidential Christmas Messages; Inaugural & Farewell Addresses, etc.); red-mass en la Catedral de Washington DC (para inaugurar año judicial), blue-mass (ídem, para cuerpos y fuerzas de seguridad), etc.; Día del Presidente (veneración del líder –de la nación elegida–, elementos de legitimidad teológica); discursos políticos con invocación a Dios (v.g. God bless America, God bless you) y citas bíblicas; tele-evangelismo; etc.

c) Creencias: tierra prometida y pueblo elegido (promise land or New Jerusalem; pilgrims & founding fathers; American´s creed; sentencias del Tribunal Supremo declarando los orígenes judéo-cristianos de los EE.UU.); Destino manifiesto y mesianismo (manifest destiny & messianism); vidas ejemplares de los padres fundadores (founding fathers tales); etc.

d) Valores: valores democristianos (American values forman parte del American way of life, bajo las tensiones interpretativas del self-righteousness); sistema no jurídico sino de justicia (v.g. pena de muerte, juramento sobre la biblia); uso de la religión como justificante de intervenciones internacionales (v.g. IRFA, clash of civilizations); etc.

e) Normas: Declaración de Independencia (1776), Constitución de EE.UU. (1787) y Declaración de Derechos o Bill of Rights (1791), son textos ufanos de referencias religiosas, además de venerados como nuevas escrituras sagradas, custiodados en NARA; Blue Laws o derecho dominical/eclesiástico (conducente de la tolerancia a la libertad religiosa, y aún vigente alguna norma en los Ordenamientos locales); etc.

f) Instituciones: Church-State relations o relaciones Iglesia-Estado ((non)establishment clause, free exercise clause, wall of separation); pactismo y federalismo, más democracia y presidencialismo (American covenantism-ACT); patrística y su legado (founding fathers & heritage: pilgrims, puritans, leaders, rebels, framers, statemen); influjo en parlamentarismo, constitucionalismo, federalismo, et al.

g) Arte: obras y piezas del Instituto Smithsonian (con sus exposiciones y colecciones); compilaciones de NARA; arte sacro en museos y centros públicos (v.g. diez mandamientos en los tribunales de justicia); capillas, pinturas y esculturas en edificios públicos (parlamentos, ayuntamientos, universidades, etc., v.g. Chaplains of the US Senate & House of Representatives); ídem, instituciones privadas (v.g. Jacob´s Dream o escalera de Jacob en campus de Abilene Christian Univ.); medio centenar de catedrales católicas, protestantes y ortodoxas, y millares de templos, etc.

h) Monumentos: homenajes a padres fundadores (v.g. Washington Memorial, Jefferson Memorial, Lilcoln Memorial) en explanada nacional o National mall & West Potomac Park; Monumento Nacional Monte Rushmore; Cristo de los Ozarks; monumentos de los diez mandamientos en Tribunales; Memorial de Guerra del Cuerpo de Marines de EE.UU. (Marine Corps War Memorial o Iwo Jima Memorial: en Arlington, Newington, Quantico, etc.); monumentos conforme a Antiquities Act of 1906 y Servicio de Parques Nacionales (más de 100 en 2010, v.g. Monumento nacional de la torre del diablo, salina Pueblo Missions, Washington Birthplace), et al.

i) Floclore: toponimia y gentilicios (v.g. Jerusalem/Salem y Hope son nombres frecuentes de poblaciones en casi la mitad de los Estados de la Unión); estilos musicales (v.g. góspel, soul, R&B –incluso el subestilo Underground railroad: canciones con clave para fuga de esclavos y abolicionistas), canciones populares (v.g. God bless America, Jingle bells, Amazing grace, Hallelujah! –fusionando Handel, soul, etc.-, When the saints go marching in –usado en actos oficiales, v.g. funerales de Estado) y musicales (v.g. Jesus Christ Superstar, Sister Act), et al.

III. CONCLUSIONES

APP, pone de manifiesto la tendencia a contracorriente del país que fuera líder occidental. En vez de aportarse una renovada identidad para sí y referente para los demás, se vive una prolongada crisis, sin visos de resolución próxima. Y es que, mientras que en otras partes del mundo se ha reactivado el factor religioso, para encaminar el debate identitario, en EE.UU., donde siempre estuvo muy presente la religión (como motor y levadura social), en cambio, se ha renunciado a la misma, dejándola en manos de los ECS, que han procedido a su deconstrucción, reduciéndola a un factor de conflicto y diferenciación comunitaria (en realidad, ha sido un retorno al uso político de la religión, para legitimar la violencia empleada). Tal perversión de la religión por los ECS, y la renuncia de la misma por los ECT (llegando a dejar morir la disciplina de ACR, además de adhirirse a los planteamientos de ECS, oponiéndose a las religiosidades minoritarias la herencia WASP –como vienen haciendo los excepcionalistas de la autoderminación, v.g. Lipset, Huntington, Fukuyama, y los neocon,

v.g. Kristol, Sagan). Mientras no se revele (de velos de confusión) el factor religioso, no podrá ayudar a reformular la identidad estadounidense: se sigue así en las postrimerías del IV despertar y su revitalización (cuyo neopuritanismo ha sido monopolizado por políticos demócratas y su identity politics), impidiéndose el progreso hacia su V despertar13, y condenándose así a vagar por laberinto de la posmodernidad (renunciándose al ethos en favor del pathos, sin logos, sólo mithos). Más aún, los velos de confusión extendidos y la deconstrucción socio-cultural acometida por los ECS, ha vulnerado incluso el perido fundacional, con su matriz mitopoiética estadounidense y su legado idiosincrásico (inhabilitándose el mínimo consenso común y su posible corrección posterior), causándose con ello otras distorsiones aparejadas:

-Desnaturalización de los principios fundacionales estadounidenses: EE.UU., se articuló como país, basándose en principios como la libertad y la búsqueda de la felicidad (DIE y BR), así como el reconocimiento y protección de derechos de nacimiento e inalienables, como la libertad religiosa y la libre circulación (ídem), así como la pluralidad integrada de sus gentes (e pluribus

13 La Historia socio-cultural estadounidense se puede articular conforme a unos CDR o ciclos de despertares sociales y revitalizaciones de sus élites de poder (renovadas gracias a dichos despertares). I despertar (1730-60/70-90), prepara el camino para la independencia, completándose con el proceso constituyente. II despertar (1800-40/50-60), impulsa la expansión continental y la disputa por el alma de la nación y su estilo de vida, seguida de la Guerra civil y la reconstrucción. III despertar (187090/1900-50), con su mesianismo, facilita la expansión exterior estadounidense. IV despertar (196080/1990-2010), ha sido el de pérdida de la inocencia y contagio posmoderno, con las guerras culturales, y la actual crisis identitaria estancada (por los Estudios culturales sobrevenidos, que han minado cualquier consenso, al azuzar el conflicto sustentador de su hecho diferencial). V despertar debería iniciarse en la década de 2020, y si se sigue reprimiendo, puede terminar como el segundo CDR. Vid. bibliografía de nota 2 y 4, más Neil Howe y William Strauss, The Fourth Turning: What the Cycles of History Tell Us About America’s Next Rendezvous with Destiny (New York: Broadway Books, 1997).

unum: uno de los lemas nacionales estadounidenses, en el Gran sello nacional, 1782).

-Triunfo de la posmodernidad vía los ECS: tras las guerras culturales (durante los años duros de la Guerra fría), emergieron los ECS (autocalificados de neo/posmarxistas, poscoloniales, etc.), focalizados en el conflicto social y la exaltación del hecho diferencial de diversas comunidades (supuestamente marginadas y por ello con el privilegio de reparación en forma de cuotas). Gracias a las políticas públicas y la regulación favorecedora de dichos programas (v.g. Ley de 1972, las ayudas de la Adm. Carter y Clinton) 14, actualmente son los dominantes en EE.UU., imponiéndose así su visión posmoderna (propia de fin de ciclo histórico de EE.UU. como potencia hegemónica tras la II Guerra mundial). Dicha visión supone la deconstrucción de cualquier principio fundacional estadounidense, postulánduse un multiverso, que sólo tiene en común la negación de la tradicción occidental (tildada desde el relativismo y la corrección política, pero con ánimo universal y ofensivo, con conceptos totalizantes del tipo: cristiana, capitalista, hetero-patriarcal, etc.).

-Efecto pendular de la deconstrucción de principios fundacionales: mientras que la visión de consenso de los ECT, que favorecía metáforas de integración como American dream o melting pot (consagrándose así la libertad religiosa y la riqueza migratoria como parte del legado fundacional estadounidense), en la posglobalización actual, con los velos de confusión posmodernos, se ha logrado el efecto contrario. Aquellos que lleguen a EE.UU., buscando un país occidental moderno, van a encontrar una nación avocada al Tecno-Evo, en el que la sociedad abierta y de oportunidades se está destejiendo, dando paso a un patchwork de las comunidades por cuotas, privilegios de grupo, discursos y memoria propia, etc.

-Persecución religiosa y migratoria y acogimiento a sagrado: dado el triunfo de los discursos posmodernos etnoculturales, se tiende al proteccionismo

14 Ethnic Heritage Studies Program Act of 1972: con esta ley se institucionaliza identity politics, ayudándose a promover el hecho diferencial de diversidad de comunidades, supuestamente marginadas y que reclaman su compensación, por lo que entre las multimillonarias ayudas federales recibidas (más el mecenazgo privado, v.g. Rockefeller Foundation), se prepara la burbuja cientificista, con la implantación de programas en colegios y universidades (como los Estudios culturales sobrevenidos), investigaciones, congresos y publicaciones, etc. Desde la década de 2000 se vienen produciendo críticas con el pensamiento débil subvencionado, destacando las de los profesores Sokal (New York Univ.), Fritzs (Univ. Athens) y Lilla (Univ. Chicago y Columbia). Alan Sokal, Beyon the hoax: Science, Philosophy and Culture (New York: Oxford Univ. Press, 2008). “Transgressing the boundaries: towards a transformative hermeneutics of quantum gravity”, Social Text 46-47 (1996): 217-52. Ronald H. Fritze, Invented Knowledge. False History, Fake Science and Pseudo-Religions (London: Reaktion Books, 2009). Mark Lilla, The Once and Future Liberal: after identity politics (New York: Harper Collins, 2017).

de aquellos ya integrados en las comunidades reivindicadoras, pero no cabe el otro nuevo (el inmigrante), al que se acusa de todos los males en curso –una disonancia cognitiva en la que ni caen ya los ECS, pues al mismo tiempo que el inmigrante hetéreo es parte del sujeto revolucionario del socialismo cultural, en cambio, el inmigrante concreto (máxime si llega desde otras partes de Occidente), es rechazado por reaccionario, al traer consigo una tradición obsoleta, vid. infra)-. Frente a tal derivada (contraria a la esencia identitaria estadounidense), han reaccionado las iglesias y sus grupos comunitarios, generando una red de santuarios, que dan asilo e integración a las personas que lo requieran (en especial, los cristianos latinoamericanos y de Europa oriental).

- et al.

En cuanto a la amenaza transoccidental, ya no sólo es la deconstrucción socio-cultural y su desnaturalización, para impedir su revelación posterior, sino que supone el fin civilizatorio: si EE.UU. renuncia a la religión (en su sentido judeocristiano secularizado, facilitador de metámeros integradores como ACR), y con ella a su tradición occidental (sobre todo la sagrada), desconectándose del mundo atlántico, para autocentrarse y orientarse hacia el oeste, entonces, no se está exponiendo a la entropía y/o armagedón tanto a un país (tan plural y complejo), como al resto de naciones lideradas hasta ahora y sin capacidad de asumir el relevo; por tanto, es el fin de la civilización occidental (pero el desarrollo de tal planteamiento es objeto de otra publicación).

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